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¿Cómo sacar una empresa de una crisis financiera?

29 octubre, 2018 • Management

Enrique Núñez Montenegro

Consultor Financiero

Ricardo es un hombre bajo, pero de complexión robusta, hombros anchos, cara grande y colorado.  Siempre se me pareció a la descripción de Pablo de Tardo que se hace en el libro “El gran león de Dios”.  Su padre había sido alcohólico, su familia muy humilde y pobre, siete hermanos, Ricardo era el cuarto y tuvo que trabajar cuando terminaba la escuela, también los fines de semana. 

Tuvo que hacer lo mismo en la secundaria; hizo de todo, ayudante de peón, lavar las “casadoras” (buses de aquellos tiempos), vendió chucherías, trabajaba al campo, recolectó café, instructor de manejo, hasta que encontró su carrera de toda la vida: “comerciante”.  Comerciante de todo: baratijas, adornos, ropa usada, verduras, frutas… lo que se podía revender, él lo vendía.

 Cuando lo conocí, él tenía 42 años, yo le llevaba tres años. 

Era un empresario reconocido en la producción, comercialización y exportación de frutas y tubérculos.  Había llegado muy alto y con un gran esfuerzo, tres de sus hermanos trabajan para él.  Tenía 500 hectáreas de tierra, doscientos cincuenta trabajadores, clientes en Estados Unidos y en Europa.  Era uno de los clientes más importantes de las grandes empresas que vendían insumos y maquinaria agrícola.

Muy respetado… pero tenía un problema: su empresa estaba prácticamente en la quiebra.

Con una venta mensual de solo 500,000 dólares, tenía una deuda de 8 millones de dólares, de esa deuda 2 millones eran a proveedores con atrasos de más de doce meses.  Los bancos le acababan de cerrar la llave para más capital de trabajo y no querían ni siquiera recibirlo hasta que entregara Estados Financieros confiables y con fecha reciente, cosa que no había podido lograr.

¿Cómo llega una empresa a acumular ese nivel de deuda? Existen muchas cosas: malos negocios que se convierten en pérdidas y en deudas, pérdidas en la empresa que se van acumulando y que son financiadas con deuda, primero con préstamos para “capital de trabajo” que en realidad son para cubrir pérdidas, gastos excesivos en los costos fijos, lujos desmedidos, aventuras fracasadas, robos que nunca se controlan, negocios que no son rentables, clientes que no son rentables, productos que no son rentables.

El caso de Ricardo lo he comentado con casi todos mis clientes.  Ricardo está en la lista exclusiva de clientes a quienes les envió correo mensuales.

Me contrató un Diagnóstico Financiero que duraría 3 meses.  Al mes le dije “No vale la pena seguir con el diagnóstico, estás en quiebra”.

Me dijo: “Enrique, dígame lo que hay que hacer y lo hacemos.  Tome lo que necesite de la empresa para que empecemos a hacer arreglos de pago, tome el carro de Gabriela (su esposa), lo mío, tengo varios terrenos pequeños.  Si tengo que comenzar de cero, no tengo problema.  Hace veinte años no tenía nada.¨

Fue así como iniciamos una de las “reingenierías financieras”, quizás la más grande y más retadora que he tenido. En el primer año logramos una reestructuración completa de la deuda con los bancos, durante doce meses solo pagaría intereses.  La empresa se había puesto en venta en 8 millones de dólares para pagar todas las deudas y quedar sin nada, nadie la quiso comprar; pero la reingeniería era su camino. 

Hoy le han ofrecido 25 millones de dólares y no ha querido vender la empresa, tiene más de 600 empleados y casi 3,000 hectáreas de tierra.  Es uno de los empresarios más grandes y más exitosos en el sector agro industrial de su país.

Hoy no hablaré sobre los detalles de cómo logramos ir saneando la empresa, eliminado negocios miserables y cambiándolos por negocios supremamente rentables.

Hoy solo quiero mencionar el factor principal que hizo posible que la empresa de Ricardo saliera de un estado de quiebra inminente a un éxito espectacular como el que hoy disfruta. Ese factor se llama: CARÁCTER.

Nunca tuve problemas de indecisión ni inseguridades por parte de Ricardo.  Cada propuesta que le planteaba, cada reto que encontraba en el camino, lo tomaba con calma absoluta, parecía un monje budista, no se inmutaba, tenía un temple extraordinario.  Analizaba la propuesta durante el tiempo necesario, pensaba mucho y analizaba mucho.  En pocas horas, muchas veces en menos de diez minutos, tomaba la decisión y esa decisión se implementaba con una resolución impresionante.

Hoy en día cuando llego a una empresa en crisis, sea pequeña o grande, busco en el empresario ese factor.  Si tiene CARÁCTER estoy seguro que será capaz de construir una gran empresa, espectacular, exitosa, rentable y crear una inmensa fortuna.

Un carácter y una personalidad firme y siguiendo los pasos de una reingeniería financiera inteligente, han hecho posible lo que parecía imposible.

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