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Creación de empleo y flexibilidad salarial

15 octubre, 2013 • Sin categoría

En los últimos meses, a raíz de las propuestas del FMI y de la Comisión Europea se ha intensificado de nuevo el debate sobre la flexibilidad salarial. Al principio de la crisis, la discusión se centró en la moderación salarial necesaria para evitar la destrucción de empleo que finalmente se produjo. Ahora, en la que se requiere para reducir la tasa de desempleo hasta situarla, como mínimo, en la media europea.

Vaya por delante que la tasa de desempleo en España constituye una auténtica anomalía en Europa, resultado de múltiples ineficiencias en el funcionamiento de nuestra economía. Por lo tanto, no podemos esperar que la mayor flexibilidad salarial por sí sola pueda resolver un problema estructural de tanto calado. Pero tampoco debemos minimizar sus efectos. De acuerdo con las estimaciones de BBVA Research si en lugar de aumentar la remuneración real de los asalariados, como ocurrió en 2008 y 2009, hubiera tenido lugar una moderación salarial como la observada en 2012, consecuencia de la reforma laboral y del Acuerdo Marco entre organizaciones empresariales y sindicales, se hubiera evitado la destrucción de un millón de puestos de trabajo. A pesar de este resultado y de que el desempleo es el reto principal y más urgente de la economía española (cuya disminución ayudaría a resolver los problemas de consolidación fiscal, restructuración bancaria o sostenibilidad de las pensiones públicas), las propuestas de mayor flexibilidad salarial siguen siendo lamentablemente muy controvertidas.

Quienes se oponen a flexibilizar los salarios lo hacen básicamente con dos argumentos. El primero sugiere  que una disminución salarial provocaría una caída de las rentas de los hogares y de la demanda agregada, al tiempo que la devaluación interna resultante aumentaría el valor real de la deuda. El segundo argumento es que la reducción de salarios daría lugar a una mayor desigualdad de rentas y a un reparto poco equitativo de los costes de la crisis. Ambos argumentos, fruto de un análisis parcial y estático en la mayoría de  los casos, son incompletos, por diversas razones entre las que destacan dos. Primero, la demanda agregada depende de las exportaciones netas y no solo de la demanda interna. Segundo, la principal causa de la disminución de la renta y de la capacidad de amortización de deuda, y del aumento de la desigualdad entre los hogares es precisamente el desempleo.

Salvo que estemos dispuestos a aceptar tasas de desempleo excesivamente elevadas durante mucho tiempo, ¿tiene sentido renunciar a un funcionamiento más eficiente de los mercados y retrasar un ajuste inevitable? La evidencia de las crisis anteriores indica que los desempleados que encontraron un nuevo trabajo tuvieron que aceptar, en media, reducciones salariales entre un 20 y un 30 por ciento. La intensidad de la crisis actual hace pensar que ahora el ajuste salarial para muchos desempleados será significativamente mayor. Ante este tipo de situaciones siempre recuerdo las palabras de un colega portugués que, con pragmatismo, afirmaba que es inútil que una persona trate de correr más que un caballo y que la actitud más inteligente es tratar de montarse en él y reconducir su destino. Con el debate de la flexibilidad salarial en un mundo globalizado necesitamos un pragmatismo parecido.

La flexibilidad salarial no implica que todos los salarios tengan que disminuir, sino solo cuando así lo exijan las características del puesto de trabajo, la cualificación del trabajador desempleado o la situación económica de la empresa. Es muy probable que el coste a corto plazo de la mayor flexibilidad necesaria para crear empleo sea una disminución del salario medio agregado, debido fundamentalmente a un efecto composición. Y es también probable que aumente la desigualdad salarial, a pesar de que pueda reducir la desigualdad de rentas entre hogares con la creación de empleo. Para mitigar este aumento de la desigualdad, hay que evitar la situación actual en la que una elevada tasa de temporalidad da lugar a una rotación excesiva de trabajadores, que se ven sujetos a una enorme incertidumbre laboral y que no tienen posibilidad de desarrollar una carrera profesional ascendente. Y para reducir esta temporalidad hay que simplificar y reducir el número de contratos y, sobre todo, hacer mucho más atractivos para las empresas los contratos indefinidos.

En definitiva, es necesario aumentar la flexibilidad laboral a cambio de una menor precariedad del empleo y, gracias a ello, de expectativas de mayores salarios futuros. Pero, como se señalaba anteriormente, la mayor flexibilidad salarial por sí sola difícilmente resolverá por completo el problema del desempleo. Además, se requiere eliminar muchas ineficiencias existentes. Cuanto mayor sea la competencia en los mercados de bienes y productos, y menor el coste para las empresas de cargas administrativas y regulaciones ineficientes, mayor será el efecto de la flexibilidad salarial sobre la creación de empleo.

 

El autor es Jefe de Economías Desarrolladas de BBVA Research Mexico Job FairMexico Job Fair

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