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Crisis de poder global toca las orillas del Canal de Panamá

27 mayo, 2019 • Economía

Se veía venir, el enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China alcanza las orillas del Canal de Panamá y preocupa al presidente electo, el socialdemócrata Laurentino “Nito” Cortizo, por ser uno de los pilares de la economía nacional.

Cortizo afirmó a los periodistas que espera que Estados Unidos y China “lleguen a acuerdos” y pongan fin a la guerra comercial que “no solo afecta al Canal” interoceánico sino “al mundo”.

Este político de 66 años ganó las elecciones del pasado 5 de mayo con el 33 % de los votos, y tomará posesión del cargo el próximo 1 de julio en sustitución del gobernante Juan Carlos Varela.

La guerra comercial entre EE.UU. y China “afecta al mundo, estás hablando de dos grandes elefantes”, por ello debe “esperar que ambos países entiendan el gran efecto que no solamente tiene en Panamá sino en el mundo”.

Por el Canal de Panamá pasa cerca del 6% del comercio mundial y ya su administración admitió a finales de septiembre pasado que el pulso comercial entre Estados Unidos y China, los dos principales usuarios de la vía, podría afectar negativamente sus ingresos, que el año fiscal 2018 significaron cerca de 3.000 millones de dólares.

En el año fiscal 2018, Estados Unidos exportó por el Canal de Panamá un total de 11,35 millones de toneladas de carga e importó 63,56 millones de toneladas, China, exportó 21,94 millones de toneladas e importó 19,65 millones de toneladas, de acuerdo con cifras de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).

El enfrentamiento entre las dos potencias, con la amenaza de aplicarse multimillonarios aranceles a sus exportaciones y corte de suministros de materias primas o partes, recrudeció el lunes pasado con el anuncio de Google y otras grandes tecnológicas de EE.UU., de que dejarán de vender componentes y programas a Huawei, una de las empresas chinas de telecomunicaciones más importantes del mundo.

“Lo importante es que cuando tu vez a dos países así de grandes en este tipo de diferencias, lo que uno aspira, el mundo aspira, es que lleguen a través de la consulta, la negociación, la conversación, que lleguen a acuerdos, eso para nosotros, para el país, para el mundo, es bien importante”, enfatizó Cortizo, del Partido Revolucionario Democrático (PRD).

El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró el miércoles pasado una emergencia nacional para prohibir a las compañías del país usar equipos de telecomunicaciones fabricados por empresas que supuestamente intentan espiar a EE.UU., lo que podría restringir los negocios con firmas chinas como Huawei.

La orden ejecutiva no impone automáticamente restricciones a la compra de equipos de telecomunicaciones, pero da al secretario de Comercio, Wilbur Ross, 150 días para establecer qué compañías deben estar sujetas a nuevas limitaciones por suponer un peligro para la seguridad nacional.

Estados Unidos lidera una campaña global para impedir que las compañías chinas como Huawei se hagan con el control de las redes 5G, que permiten navegar por internet con mucha más velocidad y podrían facilitar el desarrollo de vehículos autónomos y técnicas para hacer cirugía por control remoto.

De hecho, el Gobierno estadounidense ha presionado a la Unión Europea (UE) para que imponga restricciones sobre Huawei, que se encuentra a la cabeza del desarrollo de la tecnología 5G.

El control del Canal de Panamá, para algunos analistas, subyace también en esta guerra comercial, por ser uno de los puntos neurálgicos del comercio internacional. Quizás, junto al Canal de Suez, el de mayor calibre de todo el planeta.

La postura de Cortizo es que EE.UU. es “el principal socio estratégico” de Panamá y “debe continuar siéndolo”, mientras que con China su posición es de prudencia y “respeto recíproco” porque quiere conocer en serio sus planes de inversión en su país.

La guerra comercial entre EE.UU. y China “ha situado a Panamá en medio de la rivalidad geopolítica. Y nadie tiene un plan preconcebido para afrontarla”, anticipó el analista y catedrático Carlos Guevara Mann.

Pekín, con la firma expresa del presidente Xi Jinping, ha formalizado 19 pactos comerciales con países de la región y negocia uno con Panamá, que pretendía firmar durante su visita en diciembre pasado, pero por supuestas presiones estadounidenses no se concretó, de acuerdo con otro analista.

Panamá fue el primer país en adherirse a la nueva Ruta de la Seda y le han seguido otros 19. Panamá tiene visos de convertirse en el punto de colisión entre los dos poderes mundiales.

China controla desde 1995 los dos principales puertos en las entradas al Canal de Panamá, Balboa y Cristóbal. China Railways ya tiene sede en Ciudad de Panamá y aspira al multimillonario contrato de la línea 3 del metro, Huawei encabeza la Zona Libre de Colón y, desde allí, acometerá la distribución de sus redes electrónicas y de telecomunicaciones por el resto de Centroamérica y el Caribe.

El conflicto iniciado con la subida de aranceles por parte de EE.UU. a China ha transmutado en una guerra tecnológica justificada en cuestiones de seguridad nacional con tintes de nueva “guerra fría”.

Algunos analistas consideran que el hecho de que China se pueda convertir en un gigante tecnológico global a corto plazo y pueda poner en jaque la supremacía económica estadounidense ha llevado a la Casa Blanca a intervenir, prohibiendo a sus compañías tecnológicas hacer negocios con Huawei y presionando a las de otros países para que tampoco lo hagan.

“Es una guerra por la hegemonía tecnológica mundial y esto en el momento actual es lo mismo que tener la hegemonía económica mundial”, aseguró una catedrática española, Matilde Mas, desde España, sobretodo porque Trump ataca a la principal arma que tiene Pekín para dominar la cuarta revolución industrial.

Se trataría de una nueva “guerra fría” en torno al desarrollo de las redes móviles del 5G en la que están en juego aspectos de seguridad y de propiedad intelectual, teniendo en cuenta la capacidad de intervención que el Gobierno chino tiene sobre las empresas de su país.

En su opinión, China también puede hacer daño a EE.UU. dado que es el primer proveedor mundial de tierras raras (metales necesarios para fabricar muchos dispositivos electrónicos) y ya amenazó con cesar esas exportaciones, así como el mayor tenedor internacional de deuda pública estadounidense, desde hace décadas se calcula que posee 200.000 millones de dólares de esos bonos.

Una guerra comercial de la magnitud con la que amenaza Trump tendrá consecuencias negativas para todos los países porque distorsionará el comercio, romperá las cadenas globales de suministro, lo que perjudicará la eficiencia, elevará los precios de importación y profundizará la división del mundo en bloques, algo que ya advirtió la Organización Mundial de Comercio (OMC).

De hecho, no hay precedentes de una guerra comercial de estas características. 

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