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El modelo de desarrollo de Panamá: ¿Continuar en la misma senda?

27 septiembre, 2013 • Opinión

Leroy Sheffer
Abogado

Mucho se ha debatido sobre si Panamá se encuentra realmente preparado para enfrentar los retos de un entorno altamente competitivo y convulso. Ante esta interrogante y a sabiendas que casi que por condiciones naturales del destino, la respuesta instintiva es que sin duda así debería suceder, es que nos planteamos si ha llegado el momento de concretar una agenda país que lejos de reiterar la necesidad de seguir impulsando a los llamados “motores tradicionales de la economía” se atreva a proponer, desafiar e integrar con soluciones inteligentes, a sectores menos competitivos.
La realidad es que hoy día poco más del 80% de las riquezas del país se concentran en cuatro ejes de desarrollo, siendo estos la actividad de servicios de transporte, distribución y almacenamiento, con el Canal de Panamá como gestor y común denominador de este ejercicio y por el otro lado las actividades de intermediación financiera, servicios relacionados a la construcción y la actividad turística.
Este modelo nos convierte, a riesgo de ser cuestionado por los “expertos”, en una nación altamente vulnerable a las motivaciones y sensibilidades que se permean desde los mercados externos, y en especial de aquellos que dictan o creen pautar las políticas globales de desarrollo.
Así las cosas, y casi inadvertidamente, parecemos encontrarnos no sólo con más competidores en distintos sectores insignia de nuestro desarrollo sino también con mayores amenazas y retos. La insistente aplicación de barreras comerciales impuestas por socios tradicionales del país (Colombia, Venezuela, Ecuador), el marcado interés regulatorio sobre el destino y origen de los flujos de inversión que tiende progresivamente a “moldear” los esquemas tributarios mundiales, el crecimiento menos intenso de potencias – motores globales y la búsqueda constante de más espacios geopolíticos de dominio (Nicaragua, Colombia), ya nos han dejado saborear las turbulencias que repican dentro de nuestras fronteras.
Entonces, cuál sería la senda a seguir? Al respecto y en aras de hacernos la tarea más sencilla, podría ser más útil conciliar el planteamiento opuesto: ¿Cuál sería entonces el camino por el cual no debemos continuar?-
De acuerdo a la Encuesta de Establecimiento de la Contraloría General de la República, las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MIPYME) representan más del 90% del total de los establecimientos comerciales del país (por el número de empleados que poseen). Lo interesante en este dato es que más del 45% del total de estos establecimientos realizan sus actividades en el comercio al por menor; mientras que apenas un 7% lo realiza en actividades de la industria manufacturera. Entonces, es claro que nuestros empresarios y gestores de negocios no han desarrollado esquemas de innovación y valor agregado, ¿debemos continuar por esta senda?
Según el informe sectorial de Panamá elaborado por Pacific, Credit, Rating (PCR) sobre el Sector de Microfinanzas del país se desprende que solo el 30% del total de la demanda de microcréditos alcanzan al sector de las MIPYME. En este sentido, para el año 2010 las microempresas recibieron US$75 millones de dólares en créditos del Sistema Bancario Nacional, lo cual representa apenas el 1% de los créditos otorgados por la banca privada panameña. Este dato nos lleva a una conclusión: El acceso al crédito para la mayoría de los panameños es limitado, pero ¿debemos continuar en esta senda?
La realidad es que en el sexenio comprendido del periodo 2006-2011 Panamá compró del mundo cerca de US$44 mil millones de dólares, y del total de estas importaciones más del 45% estuvo concentrado en bienes de consumo mientras que la diferencia (55%) se concentró en bienes intermedios (materias primas y productos para la agricultura y la industria) y bienes de capital. Este dato nos lleva a una conclusión: Panamá no produce suficiente, pero ¿debemos continuar en esta senda?
Las respuestas a este sencillo grupo de interrogantes nos resultó obvia, sin embargo de seguro será un reto para aquellos que tienen la oportunidad de diseñar las políticas de Estado, cambiar esta realidad.
Lo cierto es que ya no podemos seguir pensando, en el desarrollo, como un sistema de gestión gobernado por las empresas, que en forma eficiente apuntalen con casi exclusividad efectiva a sectores tradicionales – gestores del llamado crecimiento del país. Este es sólo parte de nuestro Panamá.
En un esfuerzo de buenas prácticas, el Estado debe mediar en la gestión de políticas que universalicen el modelo de éxito, y promuevan la incorporación de las mayorías. Este ejercicio sin duda alguna pasa por reevaluar los programas de incentivos al sector productivo – agrícola y manufacturero – y por supuesto nos obliga a variar el paradigma sobre la posición geográfica de Panamá, y el rol de la plataforma de servicios logísticos y marítimos del país. Allí está la senda del desarrollo para los próximos 20 años en el país

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