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Piano, piano

20 noviembre, 2017 • Opinión

Sonsoles Castillo

BBVA Research

El pasado mes de octubre tuvo lugar en Washington una conferencia coordinada por los economistas O. Blanchard y L. Summers titulada “Repensar las políticas de estabilización”, un foro de debate sobre los retos que para la política económica plantea el nuevo entorno en el que conviven bajos niveles de inflación y tipos de interés, crecimiento lento de la productividad y creciente desigualdad. Por supuesto, no es el único foro en el que se están debatiendo estos temas, pero sí es una buena referencia porque aborda este gran desafío conjugando múltiples dimensiones: las políticas monetarias y fiscales, la estabilidad financiera, la dimensión internacional de las políticas y, por supuesto, la desigualdad.

En relación a la política monetaria, hay una primera reflexión interesante: es crucial recuperar margen de maniobra para poder responder a crisis futuras. Ciertamente, con los tipos de interés cercanos a cero y una porción importante de la deuda en manos de los bancos centrales (tras los programas de compras de activos, QE), la capacidad de la política monetaria para dar respuesta a otra crisis se ve mermada. Los principales bancos centrales han iniciado el proceso de retirada de los estímulos monetarios, conscientes del riesgo de quedarse atrapados (trampa de la liquidez). Sin embargo, la baja inflación y el temor a una reacción indeseada de los mercados tiene una traducción inmediata: la salida de las políticas ultraexpansivas está siendo muy gradual.

La Reserva Federal de Estados Unidos, más adelantada en este proceso, ha subido los tipos de interés en dos años sólo en cuatro ocasiones y se confirmó la disposición a subir otros 25 puntos básicos en diciembre, llevando los tipos oficiales al 1,50%. Y sólo recientemente, tres años después de finalizar el QE, ha empezado a reducir sus tenencias de deuda, permitiendo una reducción de su balance. El Banco de Inglaterra subió los tipos de interés por primera vez en una década. Sin embargo, este movimiento no anticipa un ciclo alcista de tipos, simplemente revierte el recorte que siguió al referéndum sobre el brexit. Por su parte, el BCE anunció la reducción de las compras de activos a la mitad a partir de enero del año que viene, una decisión ampliamente descontada y bienvenida, porque las condiciones cíclicas en la zona euro han venido mejorado notablemente. El BCE sigue siendo muy cauto, extendiendo el QE al menos hasta septiembre de 2018 y señalando, implícitamente, que las subidas de tipos no llegarán hasta 2019.

Por tanto, el margen de maniobra se recupera, pero muy lentamente, piano, piano. De ahí que parte del mundo académico plantee la conveniencia de explorar nuevas referencias para lograr el objetivo de la política monetaria.  

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